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Dependencia creciente y menor persistencia
Un grupo de investigadores de Estados Unidos y Reino Unido ha realizado un estudio con resultados preocupantes sobre cómo el uso de la inteligencia artificial afecta a nuestro cerebro. La investigación, titulada “La asistencia de la IA reduce la persistencia y perjudica el rendimiento independiente”, concluye que aunque la IA mejora el desempeño inmediato, genera una fuerte dependencia y dificulta mantener la motivación cuando la herramienta deja de estar disponible.
El experimento se realizó con 350 participantes estadounidenses que debían resolver ejercicios matemáticos. A la mitad se les permitió usar un chatbot avanzado basado en el modelo GPT‑5; al resto, no. Cuando se retiró el acceso a la IA durante la prueba, el grupo que había contado con ayuda mostró una caída drástica en la precisión de sus respuestas y, lo más llamativo, muchos abandonaron el ejercicio antes de finalizarlo.
Efectos acumulativos en la motivación
Los resultados se confirmaron en una segunda prueba con 670 personas, e incluso en ejercicios de comprensión lectora donde se repitió el patrón: quienes habían dependido de la IA desistían más rápido cuando esta se retiraba. Según Rachit Dubey, profesor de la Universidad de California y coautor del estudio, el efecto es alarmante porque la exposición breve, de apenas diez minutos, ya bastaba para generar una disminución notable en la persistencia y la confianza del usuario.
Dubey advirtió que esta dinámica podría tener un impacto profundo en la educación si se generaliza el uso de IA en el aprendizaje. Según su análisis, podríamos estar creando una generación que no logre valorar su propio potencial cognitivo, con el consiguiente riesgo de reducir la creatividad y la innovación humanas a largo plazo.
El papel del uso responsable
El estudio no ha sido aún revisado por pares, pero aporta elementos que invitan a reflexionar sobre el equilibrio entre apoyo tecnológico y autonomía mental. Los investigadores detectaron un pequeño punto positivo: quienes usaron la IA solo como guía o para aclarar dudas conservaron una mejor capacidad de razonamiento una vez que el chatbot fue retirado, frente a los que se limitaron a pedir respuestas directas.
En otras palabras, la forma en que interactuamos con la tecnología determina su efecto sobre nosotros. No es el uso de la IA en sí lo que deteriora la mente, sino la falta de pensamiento crítico y de hábitos de independencia cognitiva ante herramientas que, por muy útiles que sean, no deberían sustituir nuestra propia capacidad de razonar.
La inteligencia artificial está transformando la forma en que aprendemos, trabajamos y pensamos. Comprender sus efectos y desarrollar estrategias responsables de uso será clave para proteger tanto nuestra creatividad como nuestra autonomía mental en una era cada vez más automatizada.
