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Un vistazo a la mente simbólica de los grandes simios
Kanzi, un bonobo criado en un entorno de investigación cognitiva, ha protagonizado una escena fascinante: simular una fiesta de té. Lo extraordinario no es el juego en sí, sino la capacidad que demuestra este primate al entender que los objetos con los que interactúa son simbólicos. Es decir, puede representarse mentalmente una situación irreal y, al mismo tiempo, distinguirla del mundo físico.
Este tipo de conducta ofrece valiosas pistas sobre los orígenes de la imaginación y el pensamiento abstracto. Tradicionalmente, se consideraba que solo los humanos podían mantener ese doble marco mental —lo real y lo imaginario— de forma consciente. Sin embargo, los estudios con Kanzi y otros bonobos están revelando que esa frontera cognitiva quizá no sea tan exclusiva.
El lenguaje simbólico como puente cognitivo
Kanzi ha aprendido a comunicarse mediante lexigramas, símbolos que representan palabras y conceptos. Gracias a esta herramienta, ha demostrado comprender instrucciones complejas y expresarse con notable precisión. En la escena del té, no se limita a imitar conductas humanas, sino que muestra una comprensión de la representación simbólica: sabe que el objeto que sostiene no es una taza real, pero actúa como si lo fuera.
Los investigadores interpretan este comportamiento como una manifestación de pensamiento simbólico, una habilidad cognitiva clave para el desarrollo del lenguaje, la planificación y la creatividad. La mente de Kanzi sugiere una mezcla entre intuición animal y destellos de razonamiento abstracto.
Lo que los bonobos nos enseñan sobre la inteligencia
Estudiar a Kanzi y a su grupo permite explorar cómo surge la conciencia de lo imaginario en especies no humanas. Si un bonobo puede concebir un escenario inexistente y actuar dentro de él, estamos frente a un indicio poderoso de que la imaginación no es patrimonio exclusivo de Homo sapiens. Estas observaciones abren la puerta a nuevas teorías sobre la evolución del pensamiento simbólico y la empatía, atributos esenciales en la cooperación social y la cultura.
En definitiva, el juego de Kanzi no es un simple entretenimiento científico: es una ventana al origen de la mente simbólica. Comprender su capacidad de imaginar nos aproxima a entender cómo surgió la facultad humana de crear historias, conceptos y mundos posibles. Quizás, al observar a este bonobo, estemos viendo un reflejo remoto de lo que un día nos hizo humanos.
